Critica de la nueva narrativa Mexicana

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"Yolanda y yo", de Noé Cárdenas

“YOLANDA Y YO”, DE NOÉ CÁRDENAS
por Mariana Camacho Solana
“Yolanda y yo”, de Noé Cárdenas, es un texto cuyo valor literario radica en la plasmación de la relación vital entre el espacio y los personajes que participan de la historia. El espacio que, en un principio, aparece en segundo plano, llega a convertirse en la única realidad posible para quienes lo habitan; en la medida en que éste va cobrando importancia los personajes se transforman en criaturas subordinadas a las condiciones de su ambiente; pierden cualquier vínculo con el mundo externo –al menos, con  el que se encuentra fuera del marco de su habitación− y reducen su actividad a la acción mínima de respirar.


 El cuento narra la historia de una pareja, el narrador-protagonista y Yolanda, quienes permanecen en un estrecho cuarto que sufre un proceso de enrarecimiento a causa de la humedad; el único personaje con voz es el narrador, a través del cual se presentan el resto de los personajes y las relaciones con los pocos objetos que los rodean. La relación amor-pasión entre Yolanda y el narrador se establece por el uso de la primera persona del plural: un “nosotros”; así, la distancia temporal desde la que se nos cuenta la historia se establece por las pocas marcas de separación de la pareja, referidas por el uso del “yo” y del “ella”.
 Según  Gastón Bachelard, en La poética del espacio, la selección y el ordenamiento de las imágenes que caracterizan el espacio tienen una significación más allá de su geometría, pues en estas representaciones se puede leer la manera en la que el texto “reimagina” la realidad. Ningún personaje aparece en la nada, sino que actúa en un marco determinado, amplio o estrecho, que en el mundo ficticio se constituye como un “cosmos” (17-32).
 Cada narración establece sus márgenes de acuerdo con su lógica interna, y es a partir de tales márgenes que los límites y relaciones entre el adentro y el afuera son dimensiones que pueden adquirir diversas simbologías correspondientes al contexto de la narración. En el cuento de Cárdenas, esto es muy claro, pues el texto establece los límites y las relaciones en las primeras líneas. El afuera se menciona como una espacio de amenaza, que se representa mediante la guerra de Kosovo “(en esos meses el estruendo de la guerra venía de Centroeuropa)”. La condición amenazante no sólo se apunta con la mención de la guerra sino con la estructura misma de la oración, en la que la frase “en esos meses” indica que la  situación bélica no es particular a Kosovo, sino general al resto del mundo, pues en la afirmación se implica que en “otros” meses la guerra proviene de otras direcciones. Por su parte, el adentro es estrecho y, aunque no garantiza el “bien-estar” de los personajes, no les representa, al menos en la primera parte, una amenaza.
 A continuación, se plantea el estrato socio-económico de los protagonistas como decadente, esto es porque, en el tiempo de la narración, los personajes carecen de lo que antes tenían y, a pesar de su situación económica inestable, puede saberse que tienen lo suficiente como para pagar a alguien que se encargue del aseo de su vivienda. La carencia se configura estableciendo similitudes entre sus condiciones de vida y las de un refugiado de guerra: “Menos mal que había alfombra, que atenuaba nuestro sentimiento de refugiados albanokosovares” (Cárdenas 223); en esta comparación, el narrador encuentra una correspondencia entre el adentro y el afuera, pues inserta de lleno los acontecimientos de su pequeño mundo –su cuarto− en los de un cosmos mayor  –el mundo−; otro denominador común que identifica a ambos espacios es el caos que, a lo largo de la narración, en lugar de restituirse,  deviene en  un nuevo caos.
 Sin embargo, los elementos que identifican el espacio cotidiano con el espacio mundial desaparecen gradualmente, en la medida en que los personajes ceden al paso de la humedad. Ellos aceptan las condiciones de encierro que el lugar les presupone y, además,  renuncian al contacto con el mundo; esto no es gratuito, pues el narrador nos ha advertido de la indisposición de los personajes  a renunciar a su “condición contemplativa”. La tendencia a la aceptación, primero, de la humedad en el colchón y, luego, de la peste en sus cuerpos, es una resignación ante la vida; la actitud de inconformidad de las primeras líneas se torna en complacencia.
 La breve aparición de otros personajes representa también la relación de Yolanda  y el narrador con el exterior, pues éste nunca menciona sus nombres propios, a pesar de los lazos filiales, y los caracteriza por su función: se dirige a “sus papás” como “patrocinadores”, cuya única función es la de proveer el capital necesario para mantener intacta la laxa actividad de los protagonistas: “[…] a pesar de la eterna recesión económica del país en que vivimos y de la esquiva gana de medrar a partir de la violación de nuestra condición contemplativa. Que trabajen nuestros papás, que para eso están” (Cárdenas 223); en el cinismo de esta oración queda muy claro que la relación con el afuera es parcial, pues lo relevante, para el narrador, que incluye en su afirmación a Yolanda, no es la situación económica del país, sino en qué medida los acontecimientos del mundo los obligan a modificar su estilo de vida.
El conflicto principal se presenta como una consecuencia de los actos de la señora del aseo, quien tiene por costumbre –calificada como “necedad” por el narrador− barrer la alfombra con la escoba mojada, acción que produce un ambiente húmedo que empieza a afectar a todos los objetos: “[...] el colchón fungía como una gran esponja de polvo y humedades de los cuerpos de Yolanda y yo, más la aportación de los afanes de la doméstica.” (Cárdenas 223) A pesar de que el narrador y Yolanda son  los involucrados y afectados directos del problema, el narrador nunca se jacta de tener responsabilidad sobre el control de la limpieza, por lo que poner solución al problema no está en sus manos.
Conforme el paso de los días, quizás de meses, los protagonistas adoptan medidas temporales ante el problema de la humedad, lo que propicia que ésta se haga más palpable en los objetos y que, incluso, invada sus cuerpos: “[…] el problema era la peste a humedad que desprendíamos a donde fuéramos […] como si el tiempo de lluvias fuera eterno en nuestra casa y la sequedad fuese quimera.” (Cárdenas 224)
Así, los personajes comienzan a interiorizar el espacio, primero, a través del cuerpo y, después, haciéndolo más palpable en sus emociones: “Al no poder secársenos los ánimos Yolanda y yo nos lanzábamos recriminaciones que nos chapoteaban en el carácter” (Cárdenas 224) hasta, finalmente, territorializarse del todo en sus mentes: “Los sueños con peces que salían del acuario para flotar en el aire perdían poco a poco su calidad angustiante.” (Cárdenas 224-5)
En la configuración de las imágenes que aluden a lo acuoso, el afuera se borra por completo y la última imagen que se tiene de los personajes es la que manifiesta su transformación: “[…] con el nuevo temple de mi piel, permanecía en la humedad poco a poco más cálida y confortable […] Yolanda vomitaba una sopa agria […] ella se había acostumbrado a respirar por los tubitos contra el asma.” (Cárdenas 227)
“Yolanda y yo” es un texto, en cierto sentido, “vitalista” pues, por medio de una situación límite desagradable, busca la provocación y la reacción de los sentidos –sobre todo del gusto y del olfato−, además de configurar una realidad, fuera de lo ordinario, que puede leerse como una alegoría del sinsentido de la vida.
Bibliografía
Bachelard, Gastón. La poética del espacio. México: Fondo de Cultura Económica, 1987.
Cárdenas, Noé. “Yolanda y yo” en Los mejores cuentos mexicanos 2003. México: Tusquets, 2003.

Derechos Reservados por Crítica de la nueva narrativa mexicana.

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