Critica de la nueva narrativa Mexicana

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Nacho Padilla o los efectos de la zurdería

NACHO PADILLA O LOS EFECTOS DE LA ZURDERÍA
por Rubén Campos Arias
   La tarde en que conocí al Dr. Ignacio Padilla me di cuenta de que era zurdo como yo cuando, después de explicar algunas cuestiones sobre la clase,  empuñó la pluma sobre el papel. Siempre he tenido muchas preguntas sobre la zurdería, pero me doy cuenta de algo: que la creatividad es una ola que no cesa, es torrente ineludible que surge del hemisferio derecho del cerebro y arremolina al zurdo en historias, lo funde en ellas. Un hilo dorado brota en el viento. Es la imaginación quien se desnuda en las venas de las reliquias y los mitos. Se sueñan las historias y se amanece con la certidumbre de que algo está cambiando por dentro, se imanta una luz amarilla a los costados de las sienes que abre constelaciones de huidizos pasajes, brillos y reverberaciones en lontananza. Va hacia adentro, hacia el hades o al paraíso que nos alimenta y nos cubre con manos protectoras, numen invisible.


   En Nacho Padilla ser escritor y ser zurdo es una combinación perfecta. Aunque digamos que se tienen ventajas y desventajas al serlo. Cuando pienso en las ventajas, me gusta lidiar con la idea de literatura como boxeo. Un peleador zurdo siempre tendrá ventaja contra su oponente derecho. Ve perspectivas que el derecho ni siquiera intuye y, ¡Zaz!, viene el gancho al hígado, inesperado, el punch, el Knock- Out de las letras zurdas que, muy conscientes de su condición genética, se reproducen y crean ficciones siniestras. Estructuras. Apuntes de personajes. Cambios en ellos, inquietudes. Infinitas vertientes.
   Padilla escribe desde los efectos de la zurdería y, en su curso, penetra en las imágenes de Cyborgs que se incendian en la pantalla ennegrecida. Cerrojos pulverizados en las grietas de la noche. Hijos del Viento que acuden a sus oídos y se desdoblan en alegorías.
   El gen LRRMT1 determina a los zurdos. Determina a Ignacio Padilla. Lo conduce a perspectivas intensas, le deja ver universos paralelos, fuego espiral que emana de la llama de su encendedor. Chispas azules dentro de sus ojos interpretan los días y las noches de la narrativa. Luego, se desdoblan  y crean novelas, cuentos y ensayos. Relámpago que se adhiere a su mente y encuentra los laberintos de su memoria para emerger hacia nosotros.
Rubén Campos Arias (Ciudad de México, 1977), autor de La obscuridad es la reina, Ed. Letras Vivas, 2003; y Coffee Shop Amsterdam, Ed. Letras Vivas, 2011. Actualmente estudia el Doctorado en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana.

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