Critica de la nueva narrativa Mexicana

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Un Crack en el cielo (Homenaje a Ignacio Padilla)

UN CRACK EN EL CIELO

(Homenaje a Ignacio Padilla)

por Omegar Martínez

Buenas tardes. Antes de comenzar debo agradecer la invitación a participar en este homenaje póstumo al crack de cracks, ganador del Premio al Autor que Más Premios ha Ganado, Pacho Natilla.
Sé que no habrá nunca mejor oportunidad que aquí, en donde alguna vez se alzara el Cielo de la Academia, y ante ustedes, amigos cercanos de Natilla, para hacer mi confesión: a pesar de las apariencias siempre odié secretamente a Pacho Natilla, y fui yo el que ocasionó su muerte.
Permítanme, por favor, antes de arrestarme, hacer un recuento de mi historia con Natilla, no para tratar de expiar mi culpa, sino para dar los motivos de mi odio.
Quisiera empezar por la penúltima vez que lo vi. Era una tarde de agosto y comenzaba a llover. Yo corría de mi auto al resguardo del edificio frente al estacionamiento y él venía en dirección opuesta. Ya por esas fechas se murmuraba que Natilla podía resultar ganador del Premio al Autor que Más Premios ha Ganado, pero aún no era certero: la tabla de puntos estaba reñida. Hablamos un poco, salieron a la plática Shakespeare y Cervantes, temas que él creía de mutuo interés, y de pronto me comentó:
—Pues mandé mi ponencia sobre Cervantes al Premio Piquimí.
Me quedé pasmado. El Premio Piquimí, como todos saben, no sólo era el que daba más puntos en la tabla de premios pendientes del Premio al Autor que Más Premios ha Ganado, por ser el más consideración de todo Nicaragua, sino que, por lo mismo, era el más fácil de obtener.

En aquel momento supe que Natilla se convertiría en el crack de cracks, ganador indiscutible del Premio al Autor que Más Premios ha Ganado. Como en la tabla de puntos de la Fórmula 1, al obtener Natilla el Piquimí, ya sería matemáticamente imposible que su competidor más cercano, Elviro Enrique, lo alcanzara. No me quedó sino felicitarlo y correr a secarme la cabeza, por la lluvia, y las lágrimas, por el coraje.
Aquella noche, que pasé en vela, recordé la primera vez que vi a Natilla. Fue hace una década, cuando trabajaba yo de “gestor cultural” en la Feria del Libro del Palacio de Orfebrería, y me tocó recibir al crack, completo. Había mucho interés en el evento: incluso, para promoverlo, fueron unos días antes todos los del crack a sacarse la foto en la escalera neoclásica y la Feria mandó imprimir pósters. El día anunciado la sala estaba abarrotada y en la mesa estaban casi casi todos: Golpi, Arroz, Cerrasti, Patou y Natilla. Sólo faltó Suárez Pestañeda. Yo estaba vuelto loco tratando de que no se desbordara la sala y llevándole botellas de agua al pleno del crack. Al final del evento, del que no recuerdo casi nada, aproveché la oportunidad y le llevé a Natilla, para firma, mi edición de Huésped, novela con la que recién le habían concedido el Premio Invierno.
Natilla me miró (y cómo no hacerlo puesto que la Feria nos exigía vestirnos de color amarillo pollo) y conversamos:
—Tienes cara de ser un buen lector —me dijo.
—La verdad es que soy escritor también; escribo cuentos —le dije—, y pues quería ver si podía poner eso en la dedicatoria...
—¿Ah, sí? —preguntó mientras firmaba.
Casi se me rompe el corazón ver que la novela estaba dedicada para mí, “lector y amigo”.
Un año más tarde, mientras estudiaba en Salamanca, le presenté a Jackie Rocanrrol, quien había sido la asesora de tesis de Natilla, mis cuentos. Le encantaron. Emocionada hasta la pared de enfrente me dio una carta para Natilla, en la que me presentaba de nuevo con él y le pedía que me ayudara a publicarlos, porque le parecían muy valiosos. Jackie también me sugirió que enviara textos a todos los concursos que se me cruzaran:
—Como le sugerí a Pacho —me dijo Jackie—, si no ganas nadie tiene por qué saber que participaste, pero si ganas se enterarán todos.
Volví a México ilusionado, pensando que se abría el panorama de mi futuro literario. Sin embargo, pasaron dos cosas: La primera fue que no tuve modo de volver a encontrarme con Natilla para entregarle la carta de Jackie: había comenzado ya la carrera por el Premio al Autor que Más Premios ha Ganado y él estaba siempre lejos, recibiendo premios, hablando y publicando en Inglaterra, en Madrid, en Querétaro, en Puebla, en Cuernavaca, en Coahuila, en Buenos Aires, en Nuevo León, en Bogotá, en Nueva York...
La segunda fue que no salí premiado en ninguno de los premios a los que mandé textos. Mandé al Certamen de Cuento Fantástico, Porno y Hentai, y salió premiado Natilla. Envié al Premio de Sonetos y Tercetos “Benemérito del Paraguay” y reconocieron a Natilla. Solicité la Beca para Escritores en el Castillo Más Abandonado de Edimburgo y se la dieron a Natilla. Remití mi propuesta para el Segundo Premio de Eslóganes y Frases Ingeniosas de la Fundación Cantinflas y se lo ganó Natilla. Presenté mi propuesta a la III Convocatoria de Pastorelas Modernas de la Parroquia de Clavería pero eligieron a Natilla. Expedí mi novela para el Concurso de Primera Novela de la Editorial Regla y se lo dieron a Natilla, a pesar de que no era su primera novela (“es la primera que le leemos”, dijo el jurado).
Incluso cuando lo nombraron Director de la Megaludoteca Másconmenos le mandé un correo, pero nunca me lo contestó. Obviamente yo no le sonaba de nada. Mientras tanto, la carta de Jackie se perdió, mi libro de cuentos se hizo viejo sin publicarse y me encontré teniendo que buscar un trabajo, el cuál hallé en algún fondo editorial. Dejando ahí las horas, y mi vida, un mal día, hace poco más de un año, llegó un libro de Natilla: “Los estrambóticos”, que incluía el cuento con el que acababa de ganar el Premio Luján Rufo en París, al que también había enviado yo un cuento (no es por nada, pero estaba precioso mi cuento, era sobre un japonés alérgico al pescado y su gato).
Me encargaron de editarlo, el de Natilla, obviamente. Jamás he hecho un trabajo con mayor coraje, y, como sucede a menudo con los libros, tanto empeño le puse en mi enfado que hasta salió bien y a tiempo. Como en ese entonces Natilla estaba trabajando en una Universidad a la que yo iba dos veces por semana a dar una clase, para mal que bien completar mi ingreso, nos encontrábamos a menudo y yo aprovechaba la edición de su libro para acercarme a él. Ansiaba su reconocimiento, su amistad; envidiaba su trayectoria y camino, y sí, quería que me leyera y que me recomendara con algún jurado. Disfracé mi ansiedad y nervios con plática y chismes. Hallé amigos en común y temas fáciles. Cualquiera que nos hubiese visto hubiera pensado que nos llevábamos bien. Quiero pensar que hasta me tomó cariño.
Volviendo al presente, Natilla obviamente ganó el Premio Piquimí y, por ende, el Premio al Autor que Más Premios ha Ganado. Fui invitado por él a la ceremonia que se realizaría en este mismo sitio, antes del derrumbe. Para quien no haya conocido el Cielo de la Academia, era un lugar impresionante: las columnas estaban formadas por los libros de los anteriores ganadores del Premio al Autor que Más Premios ha Ganado (otorgado cada diez años desde 1951) y el domo estaba adornado con una pintura alegórica que celebraba la entrega del Nobel a don Augusto Guerra, con las musas postradas ante él y los dioses escuchándolo atento. En la mitad de la ceremonia, justo después de la lectura de tres horas y media de todos los nombramientos y premios otorgados a Natilla, salí a estirar las piernas y aproveché para revisar mis mensajes. Tenía uno en el que me informaban que los Juegos Florales de las Seis Tlás (Tlaquepaque, Tlacotalpan, Tlapujahua, Tlaxcala, Tlalpan y Papantla) habían dado por ganador a Natilla. Al leer la noticia y sentirme por enésima vez rechazado, puesto que había enviado unas jocosas silvas al concurso, aventé el teléfono contra una de las columnas del Cielo de la Academia. El lanzamiento lo hice con tanta fuerza que del golpe se cayó uno de los libros que conformaban las columnas y el techo se derrumbó sobre el crack de cracks, Pacho Natilla, matándolo justo en el momento en el que, cetro en mano, se colocaba el mantón de manila sobre las rodillas, símbolo inequívoco del ganador absoluto.

 

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